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Voces de la Tierra - Especial COP30

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Voces de la Tierra - Blog Multivias - Especial COP30


Especial del Blog Multivias para la COP30: manifiesto y crónicas sobre medio ambiente, cultura y vida cotidiana. Voces de la Tierra por el planeta.

Por una cultura de convivencia con el planeta

 

Introducción al dossier “Voces de la Tierra”

 

En 2025, Brasil será sede de la 30ª Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, la COP30. Celebrada en la Amazonía, esta edición representa un hito simbólico y práctico: por primera vez, la selva que sostiene el equilibrio del planeta se convierte en el centro del debate climático mundial.

Pero la conversación sobre el futuro no comienza en las cumbres internacionales. Comienza en los patios, en las calles, en los biomas que dan forma al país y sostienen su identidad. Con esta convicción, el Blog Multivias reunió en este dossier el manifiesto y las crónicas que componen el proyecto Voces de la Tierra.

Las voces aquí reunidas hablan de urgencia, pero también de esperanza. Nacen en el Cerrado, cuna de las aguas y de la biodiversidad brasileña, y se expanden hacia la Amazonía, hacia las ciudades y hacia el mundo. Tienen en común un mensaje simple y profundo: no hay futuro sostenible sin memoria, sin equilibrio y sin escucha.

Los textos combinan narrativa literaria, datos ambientales y observación cotidiana. Son retratos de un país que aún resiste: en sus árboles, en su gente y en sus ideas. Y, al mismo tiempo, son advertencias de que el tiempo de esperar ya pasó.

El Manifiesto Voces de la Tierra abre este dossier como un llamado a la conciencia y a la acción. Las cuatro crónicas siguientes —sobre el pequi, la macaúba, el calor y el concreto— forman un mosaico de temas que se entrelazan: el avance urbano, la pérdida de los biomas, la crisis climática y la necesidad de un nuevo pacto entre lo humano y la naturaleza.

Más que un documento literario, este dossier es una contribución a la COP30. Un recordatorio de que las soluciones a la crisis climática no vendrán solo de los acuerdos, sino también de las historias que contamos, de las decisiones que tomamos y de las raíces que elegimos preservar.

Porque todavía hay tiempo, si actuamos ahora.


Manifiesto Voces de la Tierra

 

En 2025, Brasil recibe la COP30 en la Amazonía. El planeta llega a este encuentro con récords históricos de calor, sequías extremas y deforestación. Ya no es tiempo de promesas: es tiempo de acción concreta.


El Blog Multivias, que desde hace años retrata en sus crónicas la relación entre el ser humano y la naturaleza, lanza el Manifiesto Voces de la Tierra para llamar la atención sobre un punto esencial: la preservación ambiental comienza en la vida cotidiana. En las elecciones, en las ciudades, en los patios y en los biomas que conforman Brasil.


El Cerrado, el segundo bioma más grande del país, es cuna de las aguas y refugio de especies únicas. Pero está desapareciendo ante el avance urbano y la deforestación. Según MapBiomas, entre 1985 y 2023 el Cerrado perdió más de 40 millones de hectáreas de vegetación nativa. Cada árbol perdido —un pequizeiro, una macaúba, una quaresmeira— representa una ruptura en el equilibrio que impacta directamente el clima global.


La crisis climática se manifiesta en las sequías, en las inundaciones, en la pérdida de biodiversidad y en el calentamiento de los océanos. El calor ya transforma ecosistemas enteros, mientras el concreto avanza sobre la tierra fértil. La forma en que construimos, producimos y consumimos necesita cambiar. Y cambiar ahora.

 

Por eso, este manifiesto presenta cinco compromisos urgentes:

  1. Valorar y proteger los biomas brasileños, especialmente el Cerrado y la Amazonía, como pilares de la vida y de la regulación climática.
  2. Incorporar la educación ambiental en el centro de las políticas públicas y comunitarias.
  3. Promover la siembra de especies nativas y la recuperación de áreas degradadas.
  4. Fomentar prácticas urbanas sostenibles, desde la planificación de las ciudades hasta el uso racional del agua y la energía.
  5. Garantizar que la COP30 sea un espacio de escucha y visibilidad para las voces locales —comunidades, escritores, artistas y defensores de la naturaleza.

 

El futuro no se decidirá solo en las conferencias internacionales, sino en las acciones cotidianas de cada persona. El Blog Multivias cree que contar historias sobre la tierra también es una forma de preservarla.

 

Que este manifiesto resuene entre los participantes de la COP30 e inspire una nueva cultura de convivencia con el planeta.

 

Porque todavía hay tiempo. Todavía hay tiempo, si actuamos ahora.

 

Blog Multivias

Octubre / Noviembre de 2025

Brasilia – DF


#NaturalezaYCultura 

#BrasilPorElClima

 #ReflexiónYAcción

 


Crónica 1:
¿El último pequi?




Una crónica sobre memoria, Cerrado y resistencia

El pequi, símbolo de resistencia, revela el impacto humano y la urgencia de preservar.

 

En 1996 conocí un rincón del Cerrado que insistía en ser paraíso. En los alrededores de Brasilia nacía un condominio con calles amplias y una promesa de armonía: la infraestructura humana se curvaba ante la lógica de los manantiales y de la vegetación nativa. Los lotes, aún sin cercas, respiraban hondo. Ipês de todos los colores, anacardos del Cerrado, barbatimão, lobeira, macaúba, quaresmeira y pequi. Mucho pequi. Los primeros habitantes eran guardianes de ese mundo. Plantaban frutales, pero sabían que la verdadera riqueza ya estaba allí.

 

Las casas crecieron, aparecieron las cercas y la memoria verde comenzó a borrarse. Los nuevos vecinos llegaron con otro deseo —no el de preservar, sino el de imponer. Para muchos, el Cerrado sigue siendo “mato”, maleza. Y la maleza debe caer para dar lugar a jardines de revista, con especies exóticas que no albergan ni un solo pájaro nativo.

 

Poco a poco, los pequizeiros fueron desapareciendo.



 

Años después recorrí buena parte del condominio buscando sobrevivientes. Caminé bajo un sol que ya no se filtraba por las copas familiares. Y entonces vi un árbol de pequi, acorralado entre una cerca y la acera de una casa. ¿Será uno de los últimos de aquel lugar antes llamado paraíso? Como un viejo combatiente, resistía.

 

Esa imagen me persigue. Y me pregunto: ¿recuerdas cómo era tu calle, tu barrio, hace diez o quince años? ¿Recuerdas los árboles que desaparecieron? ¿Qué estamos haciendo por los que quedan?

 

Estas preguntas pesan aún más cuando recordamos que, según MapBiomas, el Cerrado perdió 6,4 millones de hectáreas de vegetación nativa en la última década. Llamado Corazón de las Aguas, el Cerrado abastece 8 de las 12 cuencas hidrográficas brasileñas. Su vegetación funciona como un filtro vivo: permite que el agua de lluvia se infiltre en el suelo, recargando acuíferos y alimentando manantiales que dan origen a ríos esenciales para el país.

 

Cuando cae un pequizeiro, no desaparece solo un árbol, desaparece un manantial, un ciclo de vida, un fragmento de la identidad brasileña.

 

Es urgente reconectar las ciudades con su paisaje original. Plantar una especie nativa no es un gesto simbólico, es un acto político, de resistencia y de cuidado.

 

¿Cómo construir sin destruir? ¿Cómo mantener los árboles nativos en nuestras calles y patios? Más que respuestas, necesitamos acción. Antes de que caiga el último pequi y, con él, nuestra memoria, nuestro sabor, nuestro Cerrado.

 ——

Nota 2025: El Cerrado, tema central de la COP30, representa hoy el 44% de las emisiones brasileñas derivadas de la deforestación. Que este bioma, invisible a los ojos de la prisa, sea visto y defendido como el corazón climático del país.

#SOSCerrado 

#CorazónDeLasAguas 

#BiomasDeBrasil



Crónica 2:

Macaúba: una palmera contra el calentamiento global




Una crónica sobre resiliencia y bioeconomía del Cerrado

La macaúba, palmera nativa del Cerrado, es resistencia, sombra, alimento y respuesta a la crisis climática.

 

Su belleza es áspera, llena de espinas. Sus nombres son tantos como sus usos: macaúba, bocaiúva, coco-de-espinho. La Acrocomia aculeata es una guardiana silenciosa del Cerrado. Una palmera nativa que no se ofende cuando las niñas y los niños la llaman “chicle de vaca” mientras mastican su pulpa pegajosa.

 

Pero su verdadera grandeza está bajo tierra: sus raíces tejen una red subterránea que sostiene la tierra y combate la erosión. Es el ejemplo perfecto de cómo actúa la naturaleza: siendo utilidad y belleza, sustento y sostén al mismo tiempo.

 

La misma lógica que debería protegerla es la que la amenaza. En parcelas del Centro-Oeste, la macaúba resiste hasta que llega el “progreso” con sus excavadoras. En barrios de Brasilia, algunos administradores, en un acto de ceguera estética, intentaron reemplazarla por la palmera imperial —más “noble”, dicen— y de origen extranjero. Es la tragedia brasileña resumida: cambiar lo propio, lo adaptado y eficiente por algo que se imagina superior.

 

Cada macaúba arrancada es más que una pérdida botánica: es un paso hacia el desequilibrio. Estudios del Instituto Brasileño de Investigaciones Ambientales (IPAB) y de Embrapa muestran que el Cerrado ya perdió más del 50% de su vegetación original, y que las palmeras nativas, como la macaúba, desempeñan un papel esencial en la fijación de carbono y la regeneración del suelo. La deforestación, de la cual es víctima, no es un problema local: es uno de los motores del calentamiento global.

 

La macaúba también es promesa de futuro. Su aceite puede utilizarse en la producción de biocombustibles sostenibles, y el aprovechamiento de sus frutos y cáscaras genera ingresos para comunidades extractivistas. En la Amazonía y en el Cerrado, los proyectos de bioeconomía empiezan a incluir la Acrocomia aculeata como alternativa ecológica al aceite de palma. Pero aún falta lo principal: el reconocimiento de su valor simbólico y climático.

 

El ejemplo de la macaúba enseña que la lucha climática se libra en el suelo. En la elección de qué árbol plantar en una vereda, en la resistencia a un desmonte ilegal, en la valorización de lo que es nuestro, nativo y resiliente.

 

Preservar la macaúba no es solo salvar un árbol: es garantizar un futuro más equilibrado para el planeta. La solución al calentamiento global puede comenzar en nuestro barrio, en nuestro patio, en la forma en que miramos la tierra bajo nuestros pies.

 

Nota 2025: En la COP30, la Acrocomia aculeata vuelve al centro del debate sobre bioeconomía y transición energética justa. Que Brasil sepa mirar sus especies nativas no solo como recursos, sino como respuestas vivas, verdes y enraizadas a la crisis climática.


Crónica 3:

Cuando el calor altera el futuro




Una crónica sobre el desequilibrio y el tiempo que ya cambió

El calor ya decide el sexo de las especies. El hielo quema. El planeta respira con dificultad.

 

Hay un silencio que precede a la extinción, y no viene de donde imaginamos. Un ejemplo son las playas sobrecalentadas de Australia, donde la arena, cada vez más caliente, decide el futuro de una especie. Para la tortuga verde, el sexo no es una lotería genética: es un termómetro. Cuando la temperatura de la arena supera los 29 °C, nacen más hembras; por encima de los 31 °C, casi todas lo son. Estudios de la NOAA y de la Universidad James Cook muestran que, en algunas regiones de la Gran Barrera de Coral, el 99% de las crías son hembras. Es el calentamiento global alterando silenciosamente la continuidad de la vida.

 

Y si el calor esteriliza las playas, en el Ártico libera demonios antiguos. El hielo, ese archivo geológico del planeta, se derrite y libera metano, un gas hasta 84 veces más potente que el CO₂ en el corto plazo. Las imágenes de llamas azules ardiendo sobre el hielo son reales. Son el retrato de nuestro propio dilema: el fuego que nos dio civilización ahora amenaza el equilibrio que nos sostiene.

 

Incendios, sequías, inundaciones: son solo los síntomas visibles. La fiebre del planeta afecta todo: el curso de los ríos, la resistencia de los virus, la producción agrícola, la estabilidad económica y emocional de las poblaciones. Según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC), la temperatura media mundial ya aumentó 1,3 °C respecto a la era preindustrial, y cada décima adicional amplifica el riesgo de eventos extremos y colapsos ecológicos.

 

El cambio climático ya no es una advertencia: es un registro. Estamos viviendo la historia de un mundo que intenta respirar en medio del calor. Y la pregunta que queda no es científica, sino moral: ¿qué haremos, nosotros que leemos esta crónica en una pantalla que consume energía, sabiendo que somos parte de este fuego?

 

Nota 2025: La COP30, celebrada en la Amazonía, busca reforzar el compromiso global de limitar el calentamiento a 1,5 °C. Pero la ciencia es clara: el límite está a la vista y el tiempo es corto. Que esta conferencia transforme las promesas en acción, antes de que la arena de las playas y el hielo del norte cuenten el resto de la historia por nosotros.


Crónica 4:

El globo dirigible de la Tierra


Goiânia 

Una metáfora escrita en 2022, hoy más urgente que nunca

Entre el concreto y el calor, el planeta pide ligereza. Goiânia es el punto de partida de esta reflexión sobre cómo habitamos el mundo.

 

Mi Goiânia quedó atrás. Ya no la reconozco. Una muralla de concreto la cubre. Me fui hace cuarenta años y llevo conmigo la memoria de una ciudad de casas, de tierra, de raíces. Lo que veo ahora es una ciudad que quiso alcanzar el cielo, pero en el proceso se perdió de sí misma.

 

La verticalización acelerada es un fenómeno global y, en Goiânia, transformó el horizonte. El concreto sustituyó al Cerrado, el calor se multiplicó, y el suelo impermeabilizado se volvió símbolo de una urbanización que ignora la naturaleza. Cada edificio se eleva como un monumento a la prisa y al olvido.

 

No es solo nostalgia, es constatación. Investigaciones de la UFG y del INPE muestran que la temperatura media de Goiânia aumentó 2,3 °C en las últimas cuatro décadas, mientras que el número de árboles urbanos disminuyó cerca del 40%. Las llamadas “islas de calor” amplifican el malestar térmico, elevan el consumo de energía y agravan la contaminación del aire. La ciudad que nació planificada y verde se convirtió en ejemplo de lo que sucede cuando la planificación cede ante el mercado.

 

La creencia de que la vida mejora cuanto más alto vivimos revela una lógica insostenible. El aire acondicionado, que intenta corregir el calor que nosotros mismos generamos, consume energía y aumenta las emisiones de gases de efecto invernadero. El ciclo es perverso: cuanto más concreto, más calor; cuanto más calor, más energía; cuanto más energía, más carbono.

 

¿Dónde están los vientos que refrescaban los balcones? ¿El sol que iluminaba naturalmente las casas? ¿El agua de lluvia, antes recolectada y devuelta a la tierra? Sustituimos todo eso por fachadas de vidrio que reflejan el calor y sistemas costosos que intentan imitar el equilibrio que abandonamos.

 

Como escribí en abril de 2022 en mi blog Multivias, la Tierra se parece a un globo dirigible:

 

“Creemos que podemos llenarla de todo: cachivaches, cemento, máquinas, urgencias. Alteramos su estructura, cambiamos sus piezas originales por ingenierías ‘modernas’, modificamos el gas que sostiene su vuelo… hasta que un día el peso vence al aire.”

(Multivias, “Goiânia, más allá de los aparta-mentes”, 04/2022)

 

Hoy esa imagen vuelve con más fuerza. La Tierra sigue cargando nuestros edificios, nuestros coches, nuestros ruidos y nuestra prisa. Apilamos “progreso” como quien acumula trastos en una casa vieja, seguros de que siempre cabrá un poco más, de que nada cederá. Pero todo globo tiene un límite. El aire tiene un límite. La confianza también.

 

Hay un punto en que el peso supera la ligereza y el aire enrarecido deja de sostener el vuelo. Estamos cerca de ese punto. Aún es tiempo de aliviar la carga, guardar lo esencial, mirar hacia lo que sostiene y no solo hacia lo que eleva.

 

Todavía es tiempo de notar que la Tierra no solo necesita subir: necesita seguir respirando.

Y nosotros, con ella.

 

Aun así, hay caminos. Arquitectos e ingenieros brasileños están desarrollando proyectos que unen técnica y bioclimatismo: construcciones con ventilación cruzada, techos verdes, captación de aguas pluviales, fachadas vivas y pavimentos permeables. La sabiduría ancestral de los pueblos originarios y quilombolas muestra que es posible habitar con la naturaleza, y no contra ella.

 

Goiânia, y tantas otras ciudades medianas de Brasil, pueden convertirse en laboratorios de un nuevo modelo urbano: más humano, más liviano, más verde. El desafío es no dejar que el globo estalle antes de aprender a aterrizar con cuidado.

 —-

Nota 2025: En la COP30, el tema de las ciudades sostenibles está entre los ejes principales. La forma en que construimos y ocupamos el espacio urbano será decisiva para lograr la neutralidad de carbono hasta 2050. Que Goiânia y todas las ciudades del Cerrado sean ejemplo de reconciliación entre la arquitectura y el planeta.

 

📚 Referencias

Crónica 1 – “¿El último pequi?”

• MapBiomas Brasil (2023). Mapeo anual de cobertura y uso de la tierra – Colección 8.1

• “En la última década (2015–2024), el Cerrado perdió 6,4 millones de hectáreas de vegetación nativa.” — MapBiomas Brasil

 

Crónica 2 – “Macaúba: una palmera contra el calentamiento global”

• Imazon – Instituto del Hombre y el Medio Ambiente de la Amazonía (2024)

• Embrapa (2024). ¿Podría la macaúba ser una alternativa sostenible al aceite de palma? Un estudio comparativo.

• Via Natureza: Macaúba, ¿una palmera en extinción? (2009)

 

Crónica 3 – “Cuando el calor altera el futuro”

• 99% de estas tortugas nacen hembras – descubre por qué, National Geographic

• MapBiomas Brasil (2023)

• De los gases a los virus: el veneno que liberan los glaciares al derretirse, G1 (2020)

• Científicos perforan un núcleo de hielo en la Antártida y el resultado es alarmante, CNN Brasil

• Nogueira, L. (2022). Cambio climático 1, Blog Multivias

 

Crónica 4 – “El globo dirigible de la Tierra”

• Universidad Federal de Goiás (UFG, 2024). Laboratorio de Climatología – Informe sobre islas de calor urbanas en Goiânia.


🌍 Nota final

Del Cerrado a la COP30:

La mayor naciente del país es silenciosa.

Pero su mensaje es urgente:

Sin Cerrado, no hay agua.


 

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🕊️ Créditos 

Serie “Vozes de la Tierra” - Blog Multivias 

Brasilia – DF, Edición Especial COP30, 2025

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